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Política educativa en el área de la salud en la Argentina del siglo XXI (Parte VI)

15/07/2013

Política educativa en el área de la salud en la Argentina del siglo XXI
(Parte VI)

Bases y motivaciones para el aprendizaje de la medicina


Tal vez, el mayor desafío que enfrenta la enseñanza-aprendizaje de la medicina sea el de adecuar su metodología a los constantes progresos

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Tal vez, el mayor desafío que enfrenta la enseñanza-aprendizaje de la medicina sea el de adecuar su metodología a los constantes progresos científicos y a la construcción de un nuevo modelo de estudiante y de docente que la sociedad necesita en nuestro país.

En este último sentido, la clásica formación académica deberá ser reemplazada por un diseño acorde con estas nuevas exigencias. La experiencia actualizada indica que existen áreas conflictivas representadas por alumnos que no  “sienten” pertenecer a un equipo de trabajo que es la cátedra y docentes frustrados en choque permanente con el sistema, el tipo y número de alumnos, la remuneración, el equipamiento, etc.

La cátedra, además de ser un “equipo de trabajo” destinado a transmitir ideas, conocimientos, destrezas, habilidades y saber problematizado, es una estructura cuyo “modo de vida” se traduce por la forma en que se establecen las relaciones humanas entre profesores y alumnos.

Creemos en la ineludible necesidad de incorporar en la enseñanza al estudiante con un papel activo en el lugar y con el equipo de trabajo, crearle responsabilidades y adecuarlo no sólo para enfrentar los aspectos formativos expresados en volumen de conocimientos sino también flexibilizar el medio para posibilitar sus variaciones de actitud, adquisición de hábitos de pensamiento y nuevos modelos de conducta.

Esta posición educativa tendrá que desembocar en una nueva actitud integradora y expansiva de la cátedra, con un constante compromiso de aportar conductas, soluciones, diseños y sistemas congruentes con lo propio y atinente y relacionados con el todo de la educación médica.

Lo enunciado, tiende a posibilitar la formación del estudiante con suficiente capacidad para asumir las necesidades y posibilidades del medio y de los medios; habilitarlo para pensar con originalidad; participar en el equipo de trabajo y servir como agente de cambio; tornarlo reflexivo y responsable al ser consciente de sus posibilidades y limitaciones, dinámico y dúctil para adquirir la capacidad de asumir conductas válidas y participante activo del proceso de aprendizaje y del educativo en general.

Para la concreción de estos objetivos, se hace necesario un programa de actividades arduo, intenso y esforzado pero altamente gratificante –a futuro- para alumnos y docentes.

Los programas deben estar estrictamente planificados de antemano y ser viables de acuerdo con el tiempo disponible, recursos humanos, equipamiento, etc. para evitar desorganización, confusión, improvisación y pérdidas de tiempo y rendimiento.

Conviene establecer un criterio en cuanto a la cantidad de información detallada que debe consumir e incorporar el alumno y, siempre, deberá contarse con las posibilidades ciertas de mostrar objetivamente aquello que se propone enseñar.

En la Argentina se suceden y se vivencian crisis sucesivas que también atañen al quehacer profesional médico y que se imbrican y entretejen con otras crisis de índole política, económica, social, científica, tecnológica y cultural; esto trae agudas contradicciones entre las aspiraciones profesionales y sociales y la realidad en que se vive; por otra parte, una cosa son las miradas pedagógicas en el trabajo educativo y otra, la inserción del producto formado en el terreno de las verdaderas necesidades sanitarias y sociales del medio.

Otro factor, que en nuestro país hace mucho que no se tiene en cuenta, es el porqué de la “elección profesional” que hace el joven que ingresa a la universidad.  Sabido es que esta elección responde a variados motivos de desigual valor (sugestión de un profesor, identificación con alguna imagen familiar, interés teórico sobre una tendencia motivacional, etc., etc.) y puede ser engañosa o precaria determinando un compromiso relativo inicial con esta elección.

Es deseable que la orientación motivacional sea previa a la elección, lo más segura y consciente posible y que se ajuste a las condiciones de la persona, su conducta y el contexto social, político y económico que le rodea en tanto circunstancia actual y en función de una futura realidad de cambio.

En todo caso, el alumno debería preguntarse si su predilección por el objeto referencial con el que va a trabajar en su acción profesional lo considera realmente importante y desea contactar con él con un tipo de relación adecuada.

La elección es una síntesis de factores subjetivos (motivación, aptitud, tendencia, experiencia personal, nivel de aspiración, etc.) y objetivos (realidad social, necesidad económica, existencia o no de centros de aprendizaje, valor, diseño y duración del proceso de capacitación, etc.). Esto es que, el concepto de motivación o vocación que tiene que manejar el joven aspirante se integra en múltiples aspectos y da lugar a diversos sentidos en los que interviene aquello por lo que se siente atracción; la aspiración a un determinado camino profesional y el sentido y modo que se le dará;  aquello para lo que se tienen condiciones; mecanismos psicológicos profundos y antiguos; condicionamiento exterior (condiciones socioeconómicas del estudiante, de su medio familiar y del país en que vive). Todo se basa en el valor que se estime y en función de un motivo principal que puede canalizarse por distintas sendas. Es decir, hay variables de orden psicológico, físico y existencial. La motivación no sólo se expresa al elegir sino también en la perseverancia, el estilo y la actitud con que se recorre el camino elegido.

No nos parece inútil insistir sobre la necesidad imprescindible de distinguir entre motivación y medio de vida; la realización personal debería independizarse de la necesidad de subvenir a las propias necesidades. Se trabaja para poder vivir y se realiza lo que se aspira para sentirse vivo. En la medida en que se satisfacen las íntimas aspiraciones, se aleja el fracaso y la frustración.

Los estudiantes deberían reflexionar que el éxito pragmático que desean encontrar en el ejercicio profesional depende de muchos factores coyunturales que pueden hacer variar el prestigio y la rentabilidad de una profesión cualquiera; por otra parte, “la especialización” es un hecho cultural que hay que admitir como una situación concreta y limitada que sólo puede y debe superarse con el ejercicio de otras habilidades y posibilidades culturales adquiridas previa o paralelamente al aprendizaje profesional.

La orientación “postelección” debe continuar como parte de una concepción totalizadora del proceso educativo en la institución educativa a través del seguimiento tutelado de todos y cada uno de los alumnos; se debería introducir en el sistema pautas de orientación basadas en la redefinición de aptitudes, instrumentación de la información, asesoramiento sobre las cambiantes perspectivas del país, etc. tendiendo a crear, desde el vamos, alumnos y futuros profesionales en situación social a partir de una actitud “no insular” y no alienada por la estrecha perspectiva que suelen tener los no iniciados.

El diálogo constante y ajustado al  requerimiento individual del alumno, impresiona como necesario  y el proceso educativo debería contemplarlo y proporcionar este tipo de “servicio” y contención.

El quehacer específico del ejercicio de la medicina, actualmente, ha trascendido a las ideas de relaciones espaciales y temporales encerradas en el cuerpo de un individuo; se ha extendido y roto el concepto de formal y funcional; se ha abierto la frontera de la patología celular que lo explicaba todo y definitivamente; la visión, la mirada y la búsqueda del real impacto de la tarea médica es cada vez más totalizadora; el exclusivo sentido biológico ya no alcanza para curar y mejorar; lo biológico se articula con lo psicológico, social y cultural.

Se pretende curar sin dañar y por sobre todo, dar la mejor calidad de vida que sea posible.

Será necesario mostrar a las jóvenes generaciones la vigencia real de estos aciertos a través de un proceso decantado y significativo del material científico que se utiliza para la formación de médicos.

por Leonardo Strejilevich

     
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