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Amigables malas palabras

09/11/2013

Amigables malas palabras

Un diario español convocó a escritores de 20 países hispanohablantes para que cada uno eligiera la palabra más autóctona o que mejor reflejara a su país. Juan Gelman (1930- ), poeta, escritor, periodista, militante político y, entre otros, Premio Cervantes 2007, en representación de los argentinos, eligió "boludo" anunciado en Panamá donde acababa de tener lugar el VI Congreso Internacional de la Lengua Española.

Gelman justificó así su elección: “Es un término muy popular y dueño de una gran ambivalencia hoy. Entraña la referencia a una persona tonta, estúpida o idiota; pero no siempre implica esa connotación de insulto o despectiva. En los últimos años me ha sorprendido la acepción o su empleo entre amigos, casi como un comodín de complicidad. Ha venido perdiendo el sentido insultante. Ha mutado a un lado más desenfadado, pero sin perder su origen”.

No todas las palabras están en el diccionario pero la palabra boludo sí lo está; las palabras de nuestra lengua en general tienen una buena definición en el diccionario pero lo más importante es que estén vivas y sean usadas.

La evolución de un idioma está en cambio permanente, sometido al vendaval de la comunicación digital, a los constantes inventos tecnológicos y a las presiones de la política.

Es bueno y saludable no censurar las palabras cuyo uso está extendido, más allá de que se pueda recomendar no emplearlas.

Los académicos de la Real Academia Española se reunieron por primera vez en el palacio del marqués de Villena en 1713 y establecieron en sus bases que no se incluirían en el diccionario los nombres propios ni los términos que designen acciones o realidades obscenas o indecorosas. ¿Hoy quién aceptaría tal cosa?,
La nueva versión del diccionario de la RAE, que se presentará el año próximo, incluye varias decenas de variantes y cientos de expresiones que se aplican únicamente para insultar; por otra parte, la ambigüedad es inevitable en el castellano

BOLUDO, DA según el DRAE (Real Academia Española) significa:
1. adj. Arg. y Ur. Dicho de una persona: Que tiene pocas luces o que obra como tal.
2. adj. Cuba. Dicho del calzado de puntera redonda.
3. adj. El Salv. adinerado.
4. adj. Méx. Que tiene protuberancias.
5. adj. Ur. Lerdo, parsimonioso, irresponsable. U. t. c. s.
6. adj. Ur. Dicho de una persona que ha llegado a la adolescencia o a la juventud.U.t.c.s.
7. adj. Ur. Dicho de una cosa de gran tamaño.

BOLUDO, DA en otros idiomas se dice:
COGLIONI (italiano): plural de boludo = cojones.
GILIPOLLAS (español)
CON (francés)
SUCKER (inglés)

El sentido insultante de la palabra boludo, se ha ido perdiendo en la realidad; en Argentina el término “se usa para dirigirse a un amigo” y hasta hace referencia a sus fórmulas más comunes, como “boludo alegre”, “hacerse el boludo” o “¡qué boludo!”.

Ya es célebre la ponencia de Roberto Fontanarrosa (1944 – 2007) gran humorista gráfico argentino y notable escritor que pidió públicamente en el cierre del III Congreso Internacional de la Lengua Española, llevado a cabo en noviembre de 2004 en Rosario, provincia de Santa Fe una amnistía para el uso de las mal llamadas “malas palabras” y abogó por la expansión de su uso.

Las malas palabras que cada vez se confunden más en el imaginario de la pacatería de algunos argentinos son expresiones propias de nuestro lenguaje cotidiano, suelen no tener malicia ni intencionalidad y no tienen, para la mayoría de nosotros carácter injurioso o traumático alguno; son palabras inocentes, ni buenas ni malas; sólo palabras.

Roberto Fontanarrosa dijo en aquella oportunidad que mencionamos más o menos lo siguiente: No voy a lanzar ninguna teoría. Un congreso de la lengua es un ámbito apropiado para plantear preguntas y eso voy a hacer.

La pregunta es por qué son malas las malas palabras, ¿quién las define? ¿Son malas porque les pegan a las otras palabras?, ¿son de mala calidad porque se deterioran y se dejan de usar? Tienen actitudes reñidas con la moral, obviamente. No sé quién las define como malas palabras. Tal vez al marginarlas las hemos derivado en palabras malas, ¿no es cierto?

Muchas de estas palabras tienen una intensidad, una fuerza, que difícilmente las haga intrascendentes. De todas maneras, algunas de las malas palabras... no es que haga una defensa quijotesca de las malas palabras, algunas me gustan, igual que las palabras de uso natural.

Yo me acuerdo de que en mi casa mi vieja no decía muchas malas palabras, era correcta. Mi viejo era lo que se llama un mal hablado, que es una interesante definición. Como era un tipo que venía del deporte, entonces realmente se justificaba. También se lo llamaba boca sucia, una palabra un poco antigua pero que se puede seguir usando.

Era otra época, indudablemente. Había unos primos míos que a veces iban a mi casa y me decían: “Vamos a jugar al tío Berto”. Entonces iban a una habitación y se encerraban a putear. Lo que era la falta de la televisión que había que caer en esos juegos ingenuos.

Ahora, yo digo, a veces nos preocupamos porque los jóvenes usan malas palabras. A mí eso no me preocupa, que mi hijo las diga. Lo que me preocuparía es que no tengan una capacidad de transmisión y de expresión, de grafismo al hablar. Como esos chicos que dicen: “Había un coso, que tenía un coso y acá le salía un coso más largo”. Y uno dice: “¡Qué cosa!”.

Yo creo que estas malas palabras les sirven para expresarse, ¿los vamos a marginar, a cortar esa posibilidad? Afortunadamente, ellos no nos dan bola y hablan como les parece. Pienso que las malas palabras brindan otros matices. Yo soy fundamentalmente dibujante, manejo mal el color pero sé que cuantos más matices tenga, uno más se puede defender para expresar o transmitir algo. Hay palabras de las denominadas malas palabras, que son irremplazables: por sonoridad, por fuerza y por contextura física.

No es lo mismo decir que una persona es tonta, a decir que es un pelotudo. Tonto puede incluir un problema de disminución neurológico, realmente agresivo. El secreto de la palabra “pelotudo”– que no sé si está en el Diccionario de Dudas- está en la letra “t”. Analicémoslo. Anoten las maestras. Hay una palabra maravillosa, que en otros países está exenta de culpa, que es la palabra “carajo”.Tengo entendido que el carajo es el lugar donde se ponía el vigía en lo alto de los mástiles de los barcos. Mandar a una persona al carajo era estrictamente eso. Acá apareció como mala palabra. Al punto de que se ha llegado al eufemismo de decir “caracho“, que es de una debilidad y de una hipocresía…

Cuando algún periódico dice “El senador fulano de tal envió a la m… a su par”, la triste función de esos puntos suspensivos merecería también una discusión en este congreso.

Hay otra palabra que quiero apuntar, que es la palabra “mierda”, que también es irremplazable, cuyo secreto está en la “r”, que los cubanos pronuncian mucho más débil, y en eso está el gran problema que ha tenido el pueblo cubano, en la falta de posibilidad expresiva.

Lo que yo pido es que atendamos esta condición terapéutica de las malas palabras. Lo que pido es una amnistía para las malas palabras, vivamos una Navidad sin malas palabras e integrémoslas al lenguaje porque las vamos a necesitar.

El refranero hispano hablante y el argentino tiene una vieja frase que se acerca a la palabra boludo: "mama, haceme grande que sonso me vengo solo", que es una expresión dirigida a otra persona que significa falta de sensatez o que se actúa tontamente.

Estas palabras y refranes están hace años en los glosarios gauchesco, criollo, lunfardo, de jergas y modismos de Argentina.

TABLA DE CLASIFICACIÓN DE BOLUDOS

Boludo fraccionado: es un pedazo de boludo.
Boludo escatológico: es un boludo de mierda.
Boludo telescópico: de lejos se nota que es boludo.
 Boludo sangre azul: es hijo y nieto de boludos.
 Boludo primaveral: es un flor de boludo.
 Boludo campana: es tan tan tan boludo.
 Boludo tartamudo: es re re re boludo.
 Boludo supremo: es el más boludo que existe.
 Boludo disimulado: es más boludo de lo que parece.
 Boludo diabólico: es un boludo infernal.
 Boludo vegetariano: es boludo pero no come vidrio.
 Boludo optimista: él cree que no es boludo.
 Boludo fulltime: no es más boludo porque no tiene tiempo.
 Boludo tradicional: es boludo por costumbre.
 Boludo conocido: es el mismo boludo de siempre.
 Boludo líquido: lo toman por boludo.
 Boludo inasistente: el boludo que faltaba.
 Boludo dulce de leche: además de boludo, pegajoso.
 Boludo obelisco: es el monumento al boludo.
 Boludo látex: es boludo y forro.
 Boludo consecutivo: hace una boludez atrás de otra.
 Boludo Hulk: es increíble lo boludo que es.
 Boludo impotente: no es más boludo porque no puede.
 Boludo eclesiástico: es un reverendo boludo.
 Boludo optimista: cree que no es boludo.
 Boludo pesimista: cree que solo él es boludo.
 Boludo telescopio: desde lejos se nota que es boludo.
 Boludo esférico: es boludo todo alrededor.
 Boludo aplicado: se preocupa por aprender boludeces.
 Boludo laborioso: todo el día haciendo boludeces.
 Boludo soberbio: se enorgullece de ser boludo.
 Boludo amigable: se hace amigo de todos los boludos.
 Boludo enciclopédico: sabe un montón de boludeces.
 Boludo simpático: hace reir con boludeces.
 Boludo literario: escribe boludeces.
 Boludo playero: es muy, muy, muy boludo.
 Boludo abúlico: hace boludeces sin prisa, pero sin pausa.
 Boludo creyente: cree en un monton de boludeces.
 Boludo consciente: sabe que es boludo.
 Boludo sangre azul: hijo y nieto de boludos.
 Boludo alegre: se ríe de boludeces.
 Boludo introvertido: no cuenta nunca sus boludeces.
 Boludo líder: lo siguen todos los boludos.
 Boludo monárquico: es el rey de los boludos.
 Boludo capaz: hace cualquier boludez.
 Boludo valiente: da la vida por boludeces.
 Boludo demagogo: cree que el pueblo es boludo.
 Boludo ambicioso: sueña con llegar a ser mucho más boludo.
 Boludo pelado: no tiene un pelo de boludo.
 Boludo inconsciente: cuando le dicen boludo no se enoja.
 Boludo inédito: ni el sabe que es boludo.
 Boludo tenaz: se esfuerza por ser mucho más boludo.
 Boludo doble faz: es boludo y tiene cara de boludo.
 Boludo desdichado: no es boludo pero tiene cara de boludo.
 Boludo perfumado: ¡flor de boludo!
 Boludo psicoanalizado: es boludo pero no le importa.

En el discurso académico no hay lugar para disonancias, posiciones extremas y el uso de malas palabras. El estudio académico, las relaciones sociales convencionales y lo políticamente correcto nos obliga a utilizar un lenguaje y una manera de pensar que dificulta muchas veces la expresión visceral del argumento, la reflexión o el pensamiento.

Para proteger nuestros empleos, nuestras vidas, nuestras ganancias, nuestras oportunidades de recibir buenas cosas, nuestra cordura, aparentamos no ver, purgamos nuestra percepción filtrando el dolor, simulando que los conflictos, las contradicciones y las tragedias no están aquí sino allá lejos y creamos y recreamos un lenguaje desabrido, inodoro, incoloro, insípido y nada comprometido.

“El lenguaje está hecho por el hombre, es también el lenguaje quien hace al hombre” (J. Brun).El hombre desarrolló medios lingüísticos de comunicación hace más de cien milenios y de a poco se acostumbró a vivir en grupo y ser capaz de adquirir experiencias comunitarias y sociales.

La eficacia progresiva de la comunicación aceleró el desarrollo cultural. Mucho más tarde se construyeron medios de comunicación que son todos aquellos que amplían la acción del agente humano. Los medios de comunicación modifican al ser humano por sí solos e independientemente del mensaje que transmiten.
El lenguaje, permite al hombre convertir el mundo en sistemas simbólicos de representación y comunicación. El lenguaje es una ampliación, una acción a distancia que comporta memoria, sistemas de codificación, captación, encauzamiento y canalización de las percepciones hacia su utilización. Por el medio de difusión que es la palabra, transmitimos las percepciones del mundo visible y nuestros fantasmas inconscientes en sonidos y formas verbales.

La lengua cambia sin cesar en razón de nuevas percepciones en un mundo que también cambia cada vez a mayor velocidad. Las nuevas percepciones necesitan nuevas expresiones o la producción de un nuevo efecto de la palabra sobre todo cuando se trata de impactar sobre la inteligencia emocional del otro.
El lenguaje es un vestido que se usa para crear un efecto. La palabra slang significa ropa en su origen y tenía relación con la vestimenta; desde hace mucho define el modo de operar de la lengua en los Estados Unidos de Norteamérica.

El lenguaje y sus palabras es el factor que mantiene toda cultura; ha dado la posibilidad de mantener una tradición independiente del medio, es decir, una especie de inmortalidad potencial del pensamiento.
El lenguaje tiene una evidente función semiótica es decir que tiene la capacidad de expresión por medio de significantes diferencias a lo que debemos añadir el juego simbólico, la imagen mental, los gestos.

Las palabras, obviamente, son lo más importante en el lenguaje pero no lo único importante; los componentes paralingüísticos tales como las tonalidades de la voz, el acento, las pausas, las cargas emocionales de las palabras, los gestos que acompañan a las palabras son el variopinto componente de la semántica y los significados.

El lenguaje permite al hombre construir una versión interior del mundo en forma simbólica, orientar la vida, enfrentarse con situaciones originales, tener pensamientos abstractos, separar lo importante de lo trivial, establecer categorías, desarrollar su personalidad, asociar el proceso de la vida afectiva con la vida intelectual, ordenar la experiencia.

Las palabras de uso cotidiano y aún las de la literatura están llenas de matices; las palabras tienen una constelación de asociaciones muy individualizadas; es casi imposible encontrar dos palabras absolutamente idénticas en dos lenguas diferentes.

Cada lengua es una estructuración particular de lo real. Cada hombre tiene la posibilidad de traducir su experiencia en una forma lingüística y tener respuestas emocionales repetidas e iguales a la emoción original producidas por una experiencia vivida; sólo el hombre puede conservar el pensamiento.

De algún modo, el pensamiento organizado consiste en combinar palabras en un cierto ordenamiento; muchos descubrimientos no son otra cosa que el resultado de una combinación inesperada de dos conceptos o de dos palabras.

El pensamiento existe sin el lenguaje; todo es pensamiento aún los sueños, pero al apoyarnos en una lengua logramos construir un razonamiento.

El lenguaje y el uso de las palabras con buenas o malas palabras, le da al pensamiento precisión, diferenciación, fijación, objetivación y poder de comunicación a través del contenido lógico de una frase y la tonalidad expresiva, el gesto o la mímica que la acompaña.

Las palabras no sólo pueden tener un contenido lógico sino también una tonalidad expresiva que transforman la información y a veces modifican el significado lógico.

El hombre es el único que incorpora historia a sus estructuras cerebrales, que puede enfermar por conflictos personales no resueltos, que posee dimensión cultural e histórica, que tiene la posibilidad de aprender en forma rápida hasta el final de su vida en plena vejez, que tiene un lenguaje diferenciado.

La expresión verbal es la resultante de formas e imágenes conceptuales particularizadas por la necesidad y consolidadas por el uso.

No hay nada que transmita mejor el genio popular que la lengua; en una sola palabra puede estar resumida toda una experiencia vital. Las variaciones del habla por parte de un solo individuo son infinitas así se explican en parte el slang y el lunfardo que están al margen de la lengua diaria de uso común y que se componen de derivados de las jergas del delito, gremiales, profesionales; el argot (= mendigar; de un verbo medioeval francés) lengua originada en los más bajos estratos sociales; la palabra jerga (=gorjeo de los pájaros; del francés jergón) del todo incomprensible para la mayoría y que puede asimilarse a nuestra clásica sanata. Las palabras contribuyen al juego social y le dan un profundo sentido afectivo dentro del marco del vivir cotidiano a la comunicación entre las personas.

por Leonardo Strejilevich

     
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